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El Habla de los Rufianes

5 cuentos de terror de Edgar Allan Poe

31/10/2020
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Desde que era un bebé, la vida de Allan Poe estuvo marcada por el trauma de la muerte; estos luctuosos albures le acompañarían el resto de su vida hasta que fuera encontrado en las calles de Baltimore, clamando: «¡Que Dios se apiade de mi alma!». Quizá fuera que su obra literaria transmitía un reflejo de esta alma oscurecida por el dolor y la muerte.  Lo cierto es que el escritor es conocido por su poema de El cuervo, pero existen maravillosos cuentos de terror de Edgar Allan Poe que merecen la pena analizar para asomarnos a la psicología del escritor.

Las 5 Mejores historias de terror de Edgar Allan Poe

Antes que nada, cabe decir que este es un ránking totalmente personal y subjetivo. Resultaría una imprudencia determinar qué obras son mejores que otras. En lo que respecta a los cuentos de terror de Edgar Allan Poe, es cierto que existen consensos muy parecidos en la crítica; entre sus más loables críticos y admiradores tenemos a un escritor cuyas obras ya comentamos hace tiempo. Se trata de H.P. Lovecraft, que bebió de la obra de Poe para construir su cosmogonía. Veamos que nos cuenta del escritor de Boston en una carta dirigida a su amigo Wilfred B. Talman.

          Querido Talman,

  Con respecto a lo que significa «extraño sobrenatural» —y por supuesto lo extraño no está limitado únicamente al horror—, tengo que decir que se trata de una fuerte impresión por el suspenso de las leyes naturales o la presencia de mundos o fuerzas desconocidas muy cerca. Las mentes con distintas perspectivas o grados de sensibilidad reaccionan de forma diferente a un mismo relato.

Para mí, El pozo y el péndulo no contiene nada de auténtica extrañeza sobrenatural salvo unos toques atmosféricos al principio. Los horrores son puntualmente físicos y de simple origen mundano. El mejor relato de Poe —y tal vez el mejor relato «extraño sobrenatural» de todos los tiempos— es para mí La caída de la casa Usher. (…) y las últimas partes de Arthur Gordon Pym tienen un aura extraña y potente de misterio y expectación, (…) nada puede superar a La máscara de la muerte roja (…).

Su más solícito y obediente servidor,

H.P.L.

Como bien dice Lovecraft, «las mentes con distintas perspectivas (…) de sensibilidad reaccionan de forma diferente a un mismo relato». Así que te voy a dejar una pequeña reseña de los que son para mí los mejores cuentos de terror de Edgar Allan Poe, resumen que nos dará una visión rápida de la psique del autor.

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El corazón delator (1843)

El narrador de esta historia contada en primera persona asevera tener unos sentidos agudizados; sugiere estar atormentado por leves alucinaciones debido a su ansiedad. Y su ansiedad se manifiesta cuando, incapaz de soportar la mirada del anciano con el que vive, lo mata y lo descuartiza, escondiéndolo bajo las tablas de su casa.

La policía llega al fin, y el protagonista la invita a entrar, pero su ansiedad vuelve a corroerle las entrañas. A pesar de que la policía no encuentra indicios de nada extraño, el narrador puede escuchar que bajo los tablones el insoportable latido del corazón del viejo sigue latiendo. Temiendo que el sonido le delate, termina por derrumbarse y confiesa su crimen.

En realidad, la culpa es uno de los ejes centrales de este relato; el escritor plasma la contrición de un alma que es atormentada por el ruido del arrepentimiento. Un ruido sólo escuchado en la mente de quien perpetra el crimen.

El gato negro (1843)

Un hombre, que se dice amante de los animales desde su niñez, convive con su mujer y un gato negro llamado Plutón. El espíritu de la PERVERSIDAD, como él llama a su pérdida de control por causa de la ginebra, se hace dueño de él, y acaba por matar a su amado gato. Sin embargo, el enfriamiento emocional lleva al personaje a cometer crímenes más atroces con el tiempo, y al final se encuentra en un aprieto muy parecido al del relato El corazón delator.

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Sin duda, es mucha casualidad que en un mismo año Poe publique dos relatos cuya piedra angular sea el tormento de la culpa. Como bien dice el protagonista «(…) estos sucesos me han torturado y anonadado». También es de destacar otro detalle: no es la primera vez que Poe se refiere al dios del inframundo Plutón, pues ya en el poema de El cuervo comenta «(…) la rivera de la noche plutónica», en alusión de que el personaje del cuervo es un nuncio del inframundo. Puedes escuchar el poema aquí.

El hombre de la multitud (1840)

Poco se habla de este relato, pero me parece fascinante los registros que pueden encontrarse tras su relecturao. Todo empieza con una frase: «¡Qué gran desgracia no poder estar solo!». El narrador, en primera persona, se nos presenta en una cafetería mientras observa una calle concurrida. Entre el mar de gentes, con mirada perdida y desentonando por un carácter inquietante y ropas harapientas, un hombre anciano despierta la curiosidad del protagonista, que sale a su encuentro.

Durante toda la noche siguiente, y hasta el siguiente día, el narrador sigue al hombre de la multitud, que parece vagar sin rumbo fijo. Además, se le adivina un cuchillo bajo la capa, como si fuese cómplice de algo terrible. El hombre se adentra por una especie de arrabal, para luego volver con el mismo aire inquietante hasta el barrio donde se originó el encuentro. Al final, hastiado, el narrador interpela al viejo, que le rehúye. Entonces hace una reflexión: sin duda, el hombre debe ser un criminal que ha cometido un acto terrible, y se halla vagando de una manera que contrasta con las ocupaciones del resto de la sociedad.

Es interesante imaginar que Poe se haya encontrado con algún personaje parecido en las calles estadounidenses del siglo XIX.

El pozo y el péndulo (1842)

Lovecraft lo cataloga de «simple origen mundano», pero lo cierto es que es un relato con fuerte contenido psicológico. La cavilaciones de un reo condenado por la Santa Inquisición española ponen al espectador en angustia. Se encuentra en la soledad de una celda del Santo Oficio, muerto de sed, y en total penumbra. Al cabo de un rato se da cuenta de que existe un pozo que lleva a una insondable oscuridad.

Más adelante, el brazo secular de la Inquisición ata al protagonista con fuertes correas. A 40 pies de altura puede ver como una cuchilla afilada va bajando exasperantemente lenta, con movimientos pendulares.

Quizá, este relato difiere de los demás en algunos elementos. Normalmente, en los cuentos de Allan Poe, la desesperación y la pérdida son recurrentes. En este caso la agonía de esperar la muerte es el sentimiento angustioso que vierte el escritor.

La máscara de la Muerte Roja (1845)

Uno de los mejores cuentos de terror de Edgar Allan Poe es La máscara de la Muerte Roja, que nos habla de la enfermedad epónima al relato. La epidemia consiste en una especie de peste bubónica cuyos síntomas preceden a una muerte prematura. Esta se consuma en cuestión de minutos, haciendo que los infectados sangren por los poros (de ahí el nombre la muerte roja). El príncipe Próspero espera eludir la enfermedad trasladando su Corte a una abadía, en la que se encierra burlón entre festejos y opulencias.

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El príncipe Próspero espera escapar de la muerte roja creyendo que las grandes y pesadas puertas pueden mantener a raya a la enfermedad. La metáfora está clara: la Muerte Roja, manifestada en la figura de un ser execrable, no entiende de estatus social ni económico. Aparecida en mitad de la fiesta toca con el beso de la muerte a todos por igual.

Probablemente, lo explícito del padecimiento de esta dolencia, sea la expresión superlativa de una vida tocada por la enfermedad y la muerte. Y es que el escritor tuvo la desdicha de ver cómo sus seres más queridos, incluyendo su mujer, murieron sufriendo la tuberculosis.

Y de regalo, te dejo la locución del relato:

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