Generación copo de nieve

Generación copo de nieve

Hay un dicho entre escritores: muestra, no cuentes. Y para explicar qué es lo que es exactamente la generación copo de nieve creo que voy a hacer caso del corolario desnudando una de mis experiencias.

Fue en 2008, durante una clase de psicología social en la facultad, en Granada. Por aquel entonces yo ya estaba resignado con el panorama que había entre los estudiantes. Llevaba tres años estudiando psicología, y creía que el filtro universitario habría cribado a muchos acríticos que estaban en bachillerato. Pero, para mi amarga sorpresa, la corrección política se había abierto a codazos entre los estudiantes universitarios, invadiendo las facultades mientras esgrimían argumentos emocionales, por encima de los racionales. Era la generación copo de nieve, y aunque algunos la ubican en el 2010, ya por aquel entonces empezaban a verse los primeros coletazos.

El expresidiario VS la generación copo de nieve

Pero yendo al grano, te decía que estaba en una clase. En ella una profesora trajo a un individuo que había cumplido condena en la prisión de Granada ―por respeto no voy a revelar ni el nombre ni su pena―. Los agravios cometidos en el pasado habían sido pagados con años de prisión, y ahora se mostraba arrepentido. Decía entre lágrimas que no le había importado su condena, que el peor sufrimiento es el que le acompañaría toda la vida, una contrición que le pesaba más que cualquier cosa, y que le era insoportable por encima de vejaciones y cárceles. El motivo de la ponencia se debía a que los alumnos tuvieran una experiencia de primera mano, un punto de vista desde el prisma del delincuente arrepentido.

Personalmente, a mí no me emocionó su discurso. Lejos de definirme como no empático, soy taxativo para ciertas cuestiones: la cagas, pagas los platos y punto. A partir de ahí, al arrepentido le tiendo la mano si me pide ayuda. Y si puedo, claro. No hay más. Sin embargo, la generación copo de nieve saltó como adalid de la moralidad, salvadora de una sociedad perdida y peligrosa. ¿Y cómo lo hizo? ¿Cómo salvó el mundo? Con agresividad, por supuesto.

generacion copo de nieve frustrada
El pofezó ma ponío en evidensia

La generación copo de nieve no sólo insultó y gritó al ponente exconvicto, sino que le exigió responsabilidades ―aún intento averiguar cuántas más, además de la privación de libertad que se tipificaba en el código penal y que ya había cumplido―. Además, el púlpito se sentía profundamente ofendido porque la profesora había traído a un horrible ser al que no se debía escuchar. La generación copo de nieve estaba llevando al ostracismo social a una persona que había cumplido su condena y además estaba arrepentida de sus actos. A estas alturas quiero decir que no mató a nadie pero, coño, su audiencia no eran los del Sálvame; estamos hablando de futuros psicólogos, y me imagino que algunos ya lo son. Miedo da.

Las tensiones fueron tan grandes que cuando el ponente quiso explicarse fue interrumpido por una chica que se puso a llorar de forma histriónica, chillando desjuiciada que no tenía derecho siquiera a excusarse o llorar él, sino los demás. Otro dijo que se sentía inseguro, y más de uno abandonó la clase con porte de dignidad ofendida.

Y claro, también hubo quien saltó en la defensa del hombre, hablando de democracia y de penas cumplidas, y de poca empatía entre el mar de pataletas infantiloides y dramáticas que se estaba presenciando de futuros profesionales de la psicología. ¿Resultado? Al cajón de los acusados, por favor.

En cuanto a mí, me eché una bonita cremallera a los labios ―ya por aquel entonces supe que en ciertas situaciones es mejor meterse la lengua entre ciertos sitios―.

Adolescentes Eternos

¿Qué ocurrió ahí? Bueno, a lo mejor muchos que lean esto llegarán a una conclusión llana y superflua: «que eran gilipollas», dirán algunos; «falta de lectura» señalarán otros. Pero la explicación psicológica del asunto viene de la mano de Claire Fox, educadora y autora del libro I Find that Ofensive (Encuentro eso ofensivo, p’a los colegas). Claire sitúa en 2010 la proliferación de estudiantes universitarios que ocasionaban bastantes quebraderos de cabeza a los profesores cuando estos exponían ciertas ideas académicas. Según la autora, esta generación copo de nieve se caracteriza por:

  • Poca tolerancia a la frustración y escasa resiliencia, en especial para gestionar ideas contrarias a las suyas.
  • Respuesta altamente sensible ante lo que consideran agravio.
  • Escasa asertividad, respondiendo agresivamente y exigiendo disculpas, pues creen tener derecho a recibirlas.

Chuck Palahniuk ya definió el concepto en su libro El club de la lucha. «You are not special. You are not a beautiful and unique snowflake» (No eres especial. No eres un bonito y único copo de nieve). Y esto es precisamente lo que creen que son los miembros milenials de esta generación: un copo de nieve bonito y exclusivo.

La poca resiliencia, por supuesto, viene de criarse en un entorno de sobreprotección desmedido donde no se aprenden habilidades para afrontar los problemas del mundo. Se refuerza así la necesidad de tener espacios seguros. ¿Espacios seguros?, ¿qué es eso? Bueno, es sencillo: no es más que tener el control de su mundo ideal. Así, por la cara, sin plantarle cara al mundo real.

Posmodernismo (de mier…)

Pero todo esto viene del mayor parásito del pensamiento actual: el posmodernismo de los cojones. La posmodernidad es la muerte de la razón, la defensa del acriticismo. Es el marasmo del conocimiento conceptual, del rechazo de las operaciones categoriales, y la apertura de que todo pensamiento superficial y subjetivo está por encima del discurso establecido, que es visto como opresor. En otras palabras, 2 + 2 no es igual a 4 porque lo diga un libro de matemáticas; si yo quiero creer que son 5 me tienes que respetar. Ya lo dije una vez: esta gente confunde el respeto de expresar ideas con el tener que respetar todas las ideas ―aunque sean gilipolleces―. Luego se quejan y pisotean las ideas de los demás cuando no les gustan, y les pintan grafitis en la frente con todo tipo de descalificativos para justificar su veto moral hacia ellas.

Generación copo de nieve disfrutando de la vida

Una vez escuché como un adulto adolescente de estos decía por Facebook «Leer es para vagos». Realmente lo que sufría esta persona era una disonancia cognitiva. Es decir, sabe que leer reporta beneficios, pero como es una movida que te cagas, y cuesta sacrificio, le da la vuelta a la tortilla y se fuerza a creer que lo que mola es comer pipas sentado en la plaza ―no estoy en contra de que comas pipas sentado en una plaza mientras tires las cáscaras a la papelera―.

La convivencia de todas las creencias no sólo es un disparate por el simple hecho de que entran en conflicto, sino que además es una paradoja. ¿Cómo se puede aceptar que todo es subjetivo, si después se critica el conocimiento conceptual, ya consolidado? ¿No debería el conocimiento objetivo entrar dentro de la convivencia de todas las creencias?, ¿o sólo las subjetivas tienen pase VIP? Será eso último, claro. Aquí sólo hay espacio para la gilipollez, y todo lo que sea objetivo y racional queda rechazado porque sienta mal.

Se ha llegado a un punto en el que incluso la literatura está socavada por este ejército que ondean el pendón del acriticismo. Claro que cuando son críticos lo hacen en base a su subjetividad, y no al conocimiento. Hoy día no sólo se critica de espaldas a la teoría literaria, sino que además se escribe desdeñando los conceptos de la literatura, incluso despreciando ciertas lecturas esenciales. Existen algunas editoriales que se están plegando a la forma de hablar de la sociedad, intentando acaparar una audiencia que, sospecho, morirá con el devenir de los tiempos.

Es lógico, hoy le dan por alguna tontería, y mañana será otra. No es más que un mercado con fecha de caducidad, pues la estolidez tiene cierta resistencia cuando está esgrimida en legión, pero muta año tras año con nuevos disparates ―y nuevas generaciones―. El hecho de ir en bandada es lo que hace a los estúpidos fuertes; porque es la única manera de imponerse por la fuerza, la única forma de parecer inteligentes.

¿Qué hacer ante la generación copo de nieve?

Callarse. Nada más.

Un miembro de la generación copo de nieve ahora mismo, mientras me lee.

Mi recomendación es asentir con la cabeza y sonreír. Dar la razón y largarse cuanto antes del lugar, antes de ser juzgado moralmente. Algunos me dirán que soy un cobarde o un indolente, y que todos tenemos la responsabilidad de hacer pedagogía. Miren ustedes, la pedagogía es para quienes escuchan, no para quienes interrumpen y responden con agresividad a todo lo que no se pliegue a sus estructuralismos lingüísticos y sus pareceres morales.

Quitar esa losa de la generación copo de nieve pasa por un esfuerzo individual, un esfuerzo consciente donde sólo uno mismo puede ayudarse. Todo esto tiene que ver con la teoría de la disonancia cognitiva, es decir, destruir las ideas erróneas evidentes, y no aferrarse a ellas con excusas por pura comodidad. Pero para abandonar esa zona de confort hace falta saltar del nido y visitar las bibliotecas.

One Comment

  • Lo que comentas lo he visto e intuido alrededor mío desde hace un tiempo largo y en gran medida lo achacaba al efecto «Salvame», es decir, yo chillo y se me oye, con eso basta para que me respeten.

    Me parece muy interesante y un tanto problemático que exista esta conducta, pero estoy de acuerdo con que lo mejor es cerrar la boca, sonreír y evitar a ese elemento o elementa.

    Un slaudo,

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