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El Habla de los Rufianes

Lord Dunsany y la novela de fantasía

15/05/2020

Existe en la literatura del siglo XX un elenco de escritores de fantasía, ciencia ficción y terror cuyas inquietudes aparejan una visión muy cercana entre ellos, entreviéndose dichos puntos en común en sus imaginarios personales y la riqueza de los mundos que crearon para su literatura. Y resulta que estas creaciones no surgieron de la tabula rasa de sus mentes, como muchos creen, sino que fueron producto de la macerada asimilación de influencias pretéritas, nacidas durante un periodo donde la imaginación de otros mundos y cosmogonías no eran poderosos aún en la literatura. Estas influencias se aunaban bajo el nombre de Edward John Moreton Drax Plunkett, o más comunmente conocido como Lord Dunsany.

Lord Dunsany

Entre los más notables escritores que bebieron de su influencia encontramos a los del conocido círculo de Lovecraft, una conjura literaria que el maestro de Providence generó por inercia a través de unos relatos que aunaban la fantasía y el terror, creando con ello el llamado Horror Cósmico. La concepción de este subgénero no habría sido posible sin la enhebrada construcción de un mundo onírico por el cual los primigenios bailan sus danzas macabras, o la irrealidad del tiempo donde las hebras se desprenden para formar ángulos que pronostiquen la llegada de los sabuesos de Tíndalos.

La manera en que estos autores recrearon su visión particular de su imaginario, está indudablemente evocada por los relatos de Dunsany, precursor de unas primitivas tierras del sueño nacidas de una imaginación desbordante. No en balde, el mismo H. P. Lovecraft escribe sobre él: «Su punto de vista es el más auténticamente cósmico de cuantos ha mantenido la literatura de cualquier época […] como es inevitable en un maestro de la irrealidad jubilosa, hay ocasionales pinceladas de pánico cósmico que encajan perfectamente en la tradición auténtica».

Pero además, Lord Dunsany extendió su letras hasta las miradas de Arthur C. Clarke y J. R. R. Tolkien. En el caso de este último cabe señalar el lenguaje bíblico de su novela póstuma El silmarillion, donde nos presenta un crisol de criaturas y tierras fantásticas, a lo largo de edades sostenidas por una lógica de reglas que solo pueden encontrarse en el mundo de los sueños.

A pesar de que muchos hablan de similitudes entre el Génesis y la Ainulindalë (primera parte de la obra de Tolkien, donde se expone la creación de Arda y la Tierra Media), es fácilmente reconocible a Dunsany en el uso poético de la música que Tolkien usa como catalizador de la creación de su mundo. En su obra Los dioses de Pegãna, el barón nos cuenta una visión más austera en donde el Tañedor del tambor, Skari, armoniza el sueño de MANA-YOOD-SUSHAI y el mundo mientras los demás dioses lo perfilan de vida, voces y ritmo.

El lenguaje de ambos autores tienen puntos en común, y sus semejanzas pueden discutirse; pero el divertimento de los dioses de Lord Dundasany es preceptivo del júbilo que sienten los Ainur del Tolkien, cuando estos dan forma al mundo. Poniendo una lupa más exigente, podríamos reconocer a Ulmo en Slid, a Námo en Mung, o a Melkor (incluso al impetuoso Aulë cuando creó a los enanos) en el díscolo Kib.

Es curioso cómo la historia recuerda a algunos maestros, pero eclipsa tras ellos a otros no menos importantes. No podemos poner en duda la aportación de los autores que bebieron de Dunsany, porque además partieron de unas bases que les hicieron crear obras portentosas y más ricas. Pero, ¿cuántos reconocerían en el pueblo desolado que Kuranes visita en Celephais, a la ciudad de Andelsprutz? ¿Cuántos saben que la historia de Beren y Luthien, de El silmarillion, es una versión de La hija del rey del país de los elfos?

Honremos a nuestros maestros, pero también a quien fue una vez, en la intimidad de las alcobas donde crearon mundos de ensueño, maestro de todos ellos.

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