Saltar al contenido
El Habla de los Rufianes

4 Criaturas de la Mitología Cántabra

05/10/2020
4 criaturas de la mitología cántabra

Existe todo un crisol de criaturas fantásticas en el norte de España, y la mitología cántabra es de los mayores referentes que podemos encontrar al respecto. La mayoría de lo que existe en la literatura mitológica está supeditada a los tropos clásicos, versiones españolas de seres conocidos de otras culturas.

Las regiones del norte aún  conservan las tradiciones de los mitos antiguos, un eco que resuena por Galicia, Asturias, el País Vasco o Cantabria. He seleccionado algunos de estos seres de la mitología cántabra, explicándolos de una forma divulgativa. Sin duda alguna es interesante llevar la vista a la península ibérica por el gran bestiario céltico con el que contamos, sobre todo en las regiones del norte. Y en ocasiones resulta descorazonador que muchas novelas de fantasía de nuestro país tengan en cuenta ciertos tropos, pero se olviden de vestirlos con una versión de su propio país que desconocen en aras de los rasgos anglosajones. Por ello, vamos a hacer un alegato a cuatro de estas criaturas maravillosas.

Comenzamos:

Arquetu

Proveniente de los montes, este anciano baja por senderos sinuosos, descalzo y arrastrando los pies. Esta criatura de la mitología cántabra usa por vestimenta una túnica blanca, a la que engancha una serie de cadenas llenas de candados. Vaga errante por las tierras cántabras buscando a aquellos con problemas económicos, y ofreciendo su ayuda a los que han tenido pérdidas. Trae consigo un arca de oro, que lleva siempre en el regazo, mientras que con una mano sostiene un saco de esparto. Pero lo más llamativo es una cruz de color verde que lleva tatuada en la frente.

El arquetu no tiene piedad con aquellos que despilfarran. Sin embargo se muestra conmiserativo con los que se han visto arruinados por fortuitos azares. A éstos, el arquetu ofrece unas monedas, las suficientes como para que proliferen en algún negocio; esa es su condición, pero también una maldición si el trato se incumple. Si los arruinados derrochan estas monedas en fiestas, el arquetu les maldecirá con una vida miserable de la cual será imposible salir.

Guajona

De entre todas las brujas de nuestro bestiario, la guajona de la mitología cántabra resulta de las más terroríficas. Se trata de una vetusta mujer, que según las leyendas camina de noche, en soledad y amparada por la oscuridad, en busca de jóvenes a los que hechizar.

El monstruo se describe como una especie de anciana de edad extrema, con manos sarmentosas que van siempre en el regazo. Ataviada de un negro profundo camina entre las sombras, y sólo sale de noche. Durante el día se esconde bajo la tierra, y se oculta del sol hasta que las sombras vuelven a teñir el mundo. Al amparo de la oscuridad se desliza por las casas en busca de sangre joven, y en su boca desdentada tiene un solo colmillo negro que le cae hasta muy por debajo de la barbilla. Con este instrumento de muerte chupa la sangre del durmiente, que cae inexplicablemente enfermo. El único vestigio de su presencia, además de la mordedura, son las huellas de unas patas de ave que sustituyen sus piernas, y que quedan impresas en las tierras montañosas de cantabria.

La guajona es una de las versiones del vampiro español, uno de los espíritus que drenan la esencia vital de las personas.

Aquí puedes escuchar uno de mis relatos sobre la guajona:

Ir a descargar

Osa de Andara

Esta mujer-oso habita en los picos de Europa, concretamente en la región de Andara. Baja siempre en temporadas de buen tiempo, cuando el deshielo, y desaparece con las primeras nieves. Sus ropas son haraposas y tiene el cuerpo lleno de vello hirsuto y grueso.

La mitología cántabra nos dice que la Osa de Andara es un portento en el conocimiento de las plantas medicinales; su alimentación está hecha a base de leche, castañas, raíces, maíz crudo y bayas. Según se cuenta, también de algún cabritillo.

mitología cántabra osa de andara

La sagaz y fuerte Osa de Andara tiene una base legendaria. Por lo visto, este ser de la mitología cántabra estaría basado en una mujer que vivió en los picos de Europa durante el siglo XIX. Se trataba de una pastora de Bejes a la que llamaban La osa debido a que padecía hirsutismo, y que se ocultaba de la sociedad en los montes, por la vergüenza que le producía su enfermedad.

Adriano García Lomas fue quien recogió en Mitología y supersticiones de Cantabria los datos de esta criatura de la mitología cántabra. Según García Lomas, la mujer tenía un rebaño de ovejas que trasquilaba, pero también se trasquilaba a ella misma. Cuando se enfadaba se ponía bizca, y sus manos eran grandes, amenazadoras y llenas de pigmentos, pero sólo atacaba si era molestada.

El escritor Joaquín Fusté Garcés habla también de la mujer-osa en 1875:

Vive en el Grajal y Mancondio, en verano, y las cavernas de la entrada de Ujo, por la parte de la Hermida, en invierno. Leche, castañas, raíces y maíz crudo son su ordinario alimento. Excepción hecha de algunas crías que reserva para que no mengüe su pequeño rebaño, se regala en la primavera y el otoño comiéndose crudos los cabritos que paren sus reses, la conozco mucho, y tanto, que sólo de mí hace caso, y no siempre, esta fiera.” 

Tentirujo

El tentirujo es un duende de orejas de pico, que lleva siempre una boina y ropajes colorados. Tiene la facultad de hacerse invisible, habilidad que aprovecha para espiar a las jóvenes, a quienes acaricia con una raíz de mandrágora. Es esta raíz lo que le dota de poder, por lo que se alimenta de ella cada vez que quiere perpetrar sus travesuras con las chicas.

Este personaje de la mitología cántabra es una versión de los espíritus de la lascivia. Acariciando la piel de las muchachas, el tentirujo las excita sin dejar rastro. Masabakes, la diablesa de la lujuria, es quien selecciona en realidad a las jóvenes que el tentirujo acaricia, sugiriéndole además dónde debe tocarlas y cuando.

Como ejemplo, explica los comportamientos lascivos de las mujeres en un entorno de control sobre ellas. Cuando una chica daba rienda suelta a sus deseos carnales, o llegaba tarde a casa, la gente exclamaba: «¡Esta ya ha tropezado con el tentirujo!», en clara alusión a su indebido comportamiento.

Otra de las frases que relatan la pérdida de control sobre las mujeres es la de: «Moza, soledad y tentirujo, llanto seguro». Esto último es un corolario que las madres gustaban de decir a sus hijas para que no anduvieran solas por la noche.