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El Habla de los Rufianes

La Muerte roja, enfermedad y pandemia

21/01/2021
muerte roja enfermedad y pandemia

Resulta ilustrativo, en plena pandemia mundial, encontrar cierta sabiduría en las palabras que algunos autores clásicos nos legaron para la literatura universal. Más sorprendente resulta  descubrir paralelismos. Ya sabes: ver en estos libros cómo la magia de las historias sempiternas nos dibuja una realidad pasada muy parecida a la que vivimos hoy en día. En esta ocasión vengo a hablarte de la muerte roja, enfermedad que demostró a toda una corte de pudientes, aristócratas y cortesanos, que la parca no entiende de condiciones sociales ni estamentos.

muerte roja enfermedad

Y ya de camino, para que seamos conscientes, al igual que los cortesanos de esta historia, de un hecho irrefutable: no somos más especiales que nadie. La enfermedad nos golpea como a cualquier otra persona (se llame muerte roja o coronavirus). Pues cuando las manecillas de nuestro reloj (ese reloj de ébano que resuena en las estancias de nuestra torre de marfil) dan su último tic tac, todos sucumbimos de forma indefectible e inminente a nuestra última hora.

Antes que nada, ¿de dónde viene el término «muerte roja»?

Un alma tan atormentada por la visión de las desgracias, como lo fue Allan Poe, no podía sino evocar la sensación de la enfermedad y la muerte a través de la inventiva de sus relatos luctuosos. Al fin y al cabo, el pobre convivió con estas vicisitudes desde que era prácticamente un bebé. Fue él quien inventó el término «muerte roja», enfermedad que padecerían los personajes de uno de sus mejores relatos de terror.

A día de hoy, su trabajo se ha convertido en una de las historias de miedo decimonónicas más importantes de la literatura universal. ¿Cuál es el nombre de ese relato?

La máscara de la muerte roja

La máscara de la muerte roja, en definitiva, es un cuento de horror de Edgar Allan Poe, publicado en 1842 para la revista  Graham’s Magazine, suplemento que compilaba artículos e historias de toda clase. Como he dicho, es uno de los mejores cuentos de terror de Edgar Allan Poe, y en él nos ilustra la historia de una espantosa epidemia que produce el fallecimiento del doliente en cuestión de media hora. Se trata de la muerte roja, enfermedad parecida a la peste negra, sólo que mucho peor, más rápida y letal.

El cuervo y Allan Poe

El argumento pone su foco en los nobles de un reino devastado por la plaga. Mientras festejan su aislamiento del mundo derruido, creen poder burlar la terrible dolencia mientras se encierran en una abadía, entre la ostentosidad y los lujos del mundo pudiente.

Si tienes tiempo te propongo escuchar el relato, una locución dramatizada y ejecutada por el Bardo. ¡Eso sí! Te recomiendo que te pongas unos cascos y te dejes llevar por la voz del narador.

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Síntomas de la Enfermedad

Pero ¿de qué trata esta horrible pandemia?

No hemos venido a hablar del relato en sí (aunque lo vamos a resumir someramente), sino hablar un poco de esta ficticia ―y curiosísima― enfermedad, poniéndola en relación con los tiempos modernos.

Según se narra en la historia, la muerte roja ha sido capaz de diezmar a toda la población del príncipe Próspero, lo que nos indica que la plaga es altamente contagiosa, y mortal en potencia. El cándido monarca cree estar a salvo poniendo esperanzas en que su estatus social es su mejor muralla. La abadía y sus altos muros le permiten a él y a sus cortesanos aislarse de toda la catástrofe. Pero resulta que la muerte roja no es selectiva, e intentará traspasar las fronteras de su bastión.

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¿Es esto una alegoría de la presuntuosidad de aquellos que se sienten inmortales por su posición? ¿Quiso Poe avisar de que la güeste es una criatura incognoscible que trata a todos por igual? Obviamente no quisiera contarte el final de la obra y confío en que escuches el relato (o que lo busques y lo leas; como toda narración decimonónica entra muy bien por los ojos). Nosotros vamos a poner la lupa en lo que les ocurre a los que se corrompen de tan nefasto destino.

Pues bien, los síntomas de la muerte roja pasan por una serie de etapas concretas y muy visibles. Al parecer, en cuanto se produce el contagio los efectos resultan fulminantes, ¡pues la víctima muere en cuestión de tan sólo media hora! Estos son los espeluznantes síntomas por estricto orden de aparición:

  1. En primer lugar aparecen unos dolores agudos.
  2. Tras esto, el interfecto sufre desvanecimientos súbitos.
  3. Ahora es cuando vienen los síntomas vistosos: se produce exudación de sangre por todos los poros del cuerpo (una visión más significativa e inequívoca de la dolencia, y que da nombre a la enfermedad).
  4. Al fin, sobreviene la muerte en apenas treinta minutos.

Como enfermedad fantástica resulta exagerada, claro, pero evoca una sensación de intranquilidad en cuanto nos metemos en la historia. No obstante, al margen del rápido avance de la enfermedad, y su uniforme manifestación en el 100% de la población, es indudable que no debería darnos menos miedo que otras enfermedades mundanas y conocidas. La literatura tiene su lenguaje, y aunque distorsiona la realidad, no olvidemos que un espejo también lo hace. Las historias no son sólo entretenimiento; también existen para ponernos sobre aviso sobre elementos reales de nuestro entorno.

La muerte roja, enfermedad actual

No creo que sea muy difícil establecer ciertos paralelismos entre la obra de Edgar Allan Poe y la situación que vivimos en la actualidad. Si un hombre que vivió hace más de 150 años fue capaz de darse cuenta de la importancia del aislamiento social para contener el sufrimiento (cosa que, en realidad, se sabe desde la antigüedad), resulta muy descorazonador observar cómo la gente del siglo XXI parece vivir inconsciente a tan razonados preceptos. La única diferencia que existe entre las circunstancias de la obra de Edga Allan Poe y nuestra desgracia actual es que la situación del COVID-19 es, sencillamente, real. Por lo demás, es lo mismo: muerte y ruina.

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La muerte roja es un padecimiento inhumano: provoca estragos insalvables e irresolubles que hacen que las gentes encuentren una fatalidad retorcida, casi despreciable. Pero ¿acaso el coronavirus no lo es?

La veleidad de nuestra sociedad

A lo mejor piensas que me he excedido en el artículo, que este último epígrafe está de más en un post que va de literatura fantástica de terror. Verás, no voy a decirte «puede ser». Directamente te lo digo: me he excedido, lo admito. Pero aunque podría haber escrito un artículo más corto, y hablar únicamente de lo que nos legó Edgar Allan Poe, tenía ganas de establecer esta similitud con nuestras desgracias, aportar mi grano de arena para la lucha contra la muerte roja de nuestra época. En definitivas cuentas: lanzar un apoyo a la enorme cantidad de personas que están sufriendo, y un alegato a los que derraman la esperanzadora salvación sobre ellos sin ningún tipo de condición al respecto.

Y expresar (y esta es realmente la piedra angular de mi disertación), mi más sentido y manifiesto repudio sobre aquellos que se toman esto como un juego de máscaras. Esos veleidosos indolentes que, como los cortesanos del príncipe Próspero, siguen jugando con la vida sin saber que mañana la muerte roja, enfermedad mortal, puede entrar en sus palacios que ellos creen inexpugnables.

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Con todo, no hacemos mal si nos encerramos por un tiempo. Hagámoslo en nuestras casas, que ya habrá tiempo para festejos. Y si te sientes en soledad, piensa que los libros son buenos compañeros, después de todo. Siempre encontramos cosas en ellos que nos recuerdan el día a día, ¿no crees? Es lo que tiene leer obras atemporales, clásicos que se han ganado la mirada imperecedera de la humanidad.

En fin, ¿qué crees tú de todo esto? ¿Eres de esos que asisten a mascaradas irresponsables?, ¿o eres de los que se ponen la única máscara útil para lograr que la pandemia se convierta de una vez en fantasía?

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