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El Habla de los Rufianes

El posmo que llamó psicópatas a los escritores

07/08/2020
posmo insultando

Twitter es maravilloso, tiene de todo.  Y últimamente me estoy haciendo aficionado al posmo, esa especie de usuario que si tuviera un estado de conservación en wikipedia sería el de «preocupación menor».

posmo preocupación menor
Estado de conservación del homo posmo literatus

Sí, abundan los posmos, muchos de ellos en nuestro ámbito literario, y en un principio diría que por desgracia. Pero desde hace un tiempo me lo estoy tomando con otra filosofía, y empiezo a disfrutar del espectáculo que me ofrece la red del pajarito de forma resignada; ya saben, con el corolario ese de «reír por lo llorar».

Antes que nada, sé de buena tinta que no voy sufrir las críticas de los posmodernos, por varias razones. La primera de ellas es que no se han terminado el primer párrafo, porque ni ellos mismos comprenden la taxonomía de su naturaleza. No tienen ni idea de lo que estoy hablando, aunque el asunto vaya de ellos; he ahí la tautológica estupidez de la posmodernidad. La segunda razón es que lo que puedan recriminarme me la sopla fuertemente; donde me pueden acribillar en es en la red social, en mi casa es más complicado.

El posmo y sus lecciones de literatura

posmo leyendo
Forma de leer de un posmo.

Os voy a contar una anécdota posmo, en relación a un tweet que generó cientos de comentarios. No voy a poner la referencia —si el sujeto posmo no terminó por borrar el tweet, éste debe de estar enterrado en los más hondo de la red y, la verdad, no lo encuentro—, pero como todos están cortados por el mismo patrón ya se pueden imaginar el perfil.

Los posmos de la literatura, además de darte lecciones sobre cómo escribir, dilapidan el discurso noble de la teoría, alegando que el planteamiento subjetivo es tan válido como los preceptos de lo que ya está estudiado. Paradójicamente, para ellos las herramientas, los recursos y, en definitiva, la narratología que durante tantos años ―desde los griegos, si cabe― han permitido construir y refinar la literatura universal son… en fin, digámoslo: una puta mierda.

Bueno, lo dicen ellos, no yo. Os pongo en situación.

Primera premisa: usted es psicópata

Fue hace unos meses, leyendo un tweet sobre literatura. Un sujeto posmo escritor ―no diré más de su identidad―, sentaba cátedra sobre los mecanismos literarios y el arte de escribir. Decía que no hacía falta plantear el conflicto para hacer avanzar una trama, y que quienes lo hacíamos éramos unos sádicos y unos psicópatas con nuestros personajes —como si nuestros personajes nos fueran a denunciar o algo—. Con una sonrisa a media vela, cliqué en el post para ver la miríada de comentarios que había recibido el sujeto influencer.

https://www.youtube.com/watch?v=8FB9GYkIT3E
Póngase el vídeo para embriagarse de las mismas sensaciones que el autor de esta entrada.

No les voy a engañar, no tengo muchas esperanzas por el mundo, así que fui proactivo y puse en Youtube Sound of Silence, de Simon & Garfunkel, para preparar el terreno, la atmósfera. La melodía llenó mi despacho acorde con las respuestas que leí, y casi parecía que el mundo había perdido los colores. Ya lo pueden imaginar: «Por fin alguien que lo ha dicho», «qué cansado es todo esto, ¿de verdad nos damos cuenta ahora?», «gracias por decir las cosas tal y como son, guapo/a».

Pero entre el mar de apóstoles que se hacinaban junto al posmo profeta de la literatura habían disensiones claras. Gente que no estaba dispuesta a dejar que mancillaran los cimientos sólidos del arte de la narratología, del cuento, de la novela. Ese bagaje que ha hecho posible que hoy en día vertebremos las historias con una depurada coherencia interna. Incluidas las novelas de los posmos; a la naturaleza de nuestro método cultural sólo pueden escapar los grandes, los que comprenden los mecanismos de nuestro arte.

¿Qué ocurrió con los que plantearon la necesidad de un conflicto para hacer avanzar la trama? Obviamente fueron decapitados, vejados, llevados al ostracismo de las redes sociales, y pisoteados con una criminal indiferencia que me alegró de no haber entrado al trapo. De hecho, por redes sociales, muy raramente me meto en polémica, y suelo arrepentirme cuando lo hago. Por algo será…

Y aquellos que portaban el discurso relativo de la literatura como cobertura para eclipsar su incomprensión y sus deficiencias dieron la segunda premisa. Y nos la brindaron, como todos los posmos hacen, sin ningún tipo de explicación objetiva, pues su discurso es, al mismo tiempo, tan válido como el nuestro ―aunque para ellos el orden de los factores altera el valor del producto: nuestro discurso es, al mismo tiempo, menos válido que el suyo―.

Segunda premisa: usted debe contar una historia amigable

posmo café

Así fue como empezaron a asomar de forma explosiva ―aunque con tono cansado, como quien están hartos de explicarlo― algunas «obviedades» que los demás, incultos y profanos, no sabíamos sobre el tema. Los que planteábamos un conflicto a los personajes éramos psicópatas, porque las historias están para disfrutarlas de forma positiva. Resulta que los géneros de terror, las novelas bélicas y todo lo que tenga que ver con algunos temas negativos como la muerte o el dolor parecen no ser literatura.

Debemos cambiar el paradigma y forzarnos a escribir de forma amigable, con positivismo, a lo posmo. Ahí está lo difícil, en crear una historia que sea, de principio hasta el final, un remanso de paz. Es decir, el tema no es que ellos sean incapaces de plantear un conflicto como conductor de la trama, sino que los demás somos malvados, psicópatas y sádicos porque tenemos la necesidad de poner en la cabeza del personaje un planteamiento moral, de hacerle llorar, de ponerlo en movimiento para resolver un problema.

Efectivamente, otros replicaron otra vez ―yo estuve muy tentado de hacerlo, pero no me hizo falta―, pero los apóstoles de los influencers clavaron sus escudos en la línea del tweet y golpearon en los dientes de los maltratadores de personajes. ¡A ver! ¿Qué esperaban con plantear un conflicto? ¿Hacer un personaje redondo que aprendiera algo? ¿Transmitir un mensaje? ¡El posmo de la literatura reclama espacios seguros, y no puede permitirlo!

Mi redención posmoderna: Pelayo, el franquista

Comprendiendo estas dos premisas del posmo, he decidido modificar la trama y los personajes de mi novela próxima, titulada «¡Por mis cojones!». Claro que voy a cambiarle ese título ofensivo por el de «¡Te tolero!». Está ya corregida y sólo queda maquetarla; pero voy a tener que reescribirla para no ofender a nadie. Es una sátira con fuerte contenido de crítica social y política. El protagonista es un anciano llamado Pelayo ―como el de Covadonga―, que se queda en coma durante el franquismo y despierta en plena democracia. Su cuidadora está en el otro polo de su ideología, lo que ya de por sí plantea un conflicto intolerable.

posmo censurando
Ni se te ocurra plantear un conflicto o este posmo se te aparecerá por la noche.

Iba a daros una reseña parecida a lo que acabo de decir, pero voy a omitir de qué va exactamente porque, como he dicho, ya no se va a publicar con conflicto. Mi intención, en un principio, era cachondearme de los posmodernos y de los fachas en esta historia, pero ya no lo voy a hacer. ¿Qué soy? ¿Un sádico? Ya tengo planteada la nueva trama y la nueva psicología de los personajes, así que procedo a escribir la sinopsis. Estoy seguro de que así me la van a querer comprar.

Don Pelayo Soler O’Donnell, un anciano del franquismo que despierta tras muchos años de coma, es cuidado por Nuria en plena democracia, una muchacha posmoderna [ácrata y libertaria] que tolera, paradójicamente, las maneras de un hombre rudo, machista, retrógrado e intransigente, [desvalido y enternecedor] por encima de la incorrección política [todo].

Don Pelayo tendrá que lidiar con [se adaptará bien a] los nuevos tiempos, viéndose abordado por un mundo frenético y desajustado con respecto al orden que le brindaba la España franquista, [viviendo sus días de esta manera: se levanta, desayuna, se va a pasear y vuelve a casa para acostarse]. Pelayo iniciará la búsqueda de su mundo perdido en distintos colectivos, encontrándose de frente con un popurrí de ideologías y personajes de nuestra realidad social. [No ocurrirán conflictos en esta historia: todo será «muy lógico» a lo que debería ocurrir para la mente de la generación «copito de nieve».

«¡Por mis cojones!» es una comedia ácida con fuerte contenido crítico que analiza la sociedad española en un ejercicio de análisis psicológico.

¡Te tolero!» es una novela agradable, escrita con amabilidad y respeto hacia todos los colectivos e ideas].

A los posmos

¡Gracias! ¡Mil gracias a todos!

Me encanta Twitter, me abrís los ojos. Pero ¡no porque me acojonáis de miedo!, sino porque me dais perspectiva para seguir escribiendo. Por favor, seguid así; vuestras intervenciones en público me dan ideas muy frescas para novelar. Estoy haciendo las cosas según vuestra perspectiva «tolerante» y vuestra visión «formada». De ahora en adelante he decidido hacer captura de pantalla de las suculentas publicaciones que vayáis poniendo en la red. Así tendré material para publicar mis entradas y además pondré las pruebas (respetando vuestra privacidad, claro).

Dedicada a los posmos

En cuanto a la novela no tiene fecha de salida porque aún tengo que hacer audiencia. Este manuscrito, en concreto, no irá de la mano de una editorial, sino que voy a autopublicarla; aún tengo que ajustar calendarios. Lo que está claro es que a vosotros, los posmodernos, seréis a los primeros a quienes vaya dedicada.

O a los segundos, que a los fascistas también les debo sabiduría. Pero de ellos, hablaremos en otra ocasión…