Saltar al contenido
El Habla de los Rufianes

El cambio en la psicología del personaje

12/06/2020
cambio-psicología-del-personaje

Cuando leemos una novela, vemos una película o incluso jugamos al rol percibimos cambios sustanciales en los protagonistas a medida que la trama avanza. Edmundo Dantés, por ejemplo, comienza siendo un marinero humilde, aunque termina por sufrir una serie de cambios que se extienden hasta la última página de El conde de Montecristo. Pero ¿acaso Dumas entendía del comportamiento humano? ¿Son realistas estos cambios si se los compara con las explicaciones de la ciencia? ¿Cómo se produce el cambio en la psicología del personaje?

La reestructuración cognitiva

A pesar de que los escritores lo hacen de forma intuitiva, cuando uno de sus personajes sufre un cambio en sus creencias están describiendo lo que en la psicología se conoce como reestructuración cognitiva. Leemos novelas para evadirnos de la realidad pero, paradójicamente, en la ficción queremos acercarnos a los personajes que nos resultan más realistas. Aunque no podamos explicarlo, muchos de nosotros nos sentimos cercanos a los protagonistas cuando creemos que producen respuestas similares a las que tendríamos nosotros ante las mismas circunstancias de la trama.

El esquema cognitivo en la creación de personajes

Es posible que hayas oído hablar de las fichas de personaje, sobre todo si te dedicas a la escritura o juegas al rol. Las fichas de personaje contienen todo lo relativo al personaje: sus gustos, sus manías, sus características físicas, sus defectos, sus méritos y sus habilidades. Ahora bien, muchos escritores crean sus protagonistas sin saber que están definiendo un sistema de creencias en ellos. A esto se le llama en psicología esquema cognitivo: su visión del mundo, sus ideas ante ciertos aspectos de la vida, también su alineamiento. La mayoría de los seres humanos de una misma sociedad compartimos una serie de esquemas cognitivos parecidos en ideas y creencias, que normalmente tienen que ver con la ética de nuestro entorno y es producto de nuestro aprendizaje. Tales esquemas pueden manifestarse en frases concretas, por ejemplo:

  • Las personas tienen derecho a disfrutar de su orientación sexual.
  • El mundo a veces es injusto.
  • No valgo para nada.
  • Matar es algo que hay que evitar a toda costa.
  • La venganza es reparadora.

Estos esquemas funcionan como un filtro para interpretar la realidad, de modo que cuando aparecen los estímulos del entorno, estos se interpretan según el sistema de creencias. Por ejemplo, si un personaje tiene una visión flexible del mundo, y acepta que en él se dan injusticias a diario, probablemente encaje mejor los estragos sufridos que otro cuyo esquema cognitivo se arraigue a una visión idílica y romántica. En el primer caso hablamos de un esquema cognitivo sano, flexible; en el segundo caso hablamos de un sistema cognitivo rígido, y a menudo predisponen a enfermedades mentales, como la depresión y algunos trastornos de ansiedad (algún día hablaré sobre cómo crear un personaje realista con estos trastornos).

Te animo a que, si vas a crear un personaje, apuntes una serie de máximas relacionadas con sus esquemas cognitivos. ¿Qué piensa del amor? ¿Qué le parece al personaje la sociedad? ¿Qué opina del futuro?: ¿es desesperanzado o tiene fe en sus metas? ¿Cree en la violencia o es pacifista? Es importantísimo definir estas cuestiones; los esquemas son los cimientos sobre los que se sostiene la psicología del personaje.

Los pensamientos y las emociones

Pero ¿por qué son tan importantes los esquemas? Los esquemas ayudan a generar una forma de pensar determinada y, por tanto, sus ideas se traducirán también en maneras concretas de emocionarse ante los estímulos. Si un personaje tiene un esquema cognitivo donde idealice la venganza como una forma aceptable de conducta generará pensamientos belicistas; obviamente su motivación se inclinará al deseo de consumarla. Si por el contrario no cree que la venganza sea una buena forma de proceder, es posible que reaccione con pensamientos más sosegados, llegando a escurrir su malestar por otro sitio, incluso sopesando el perdón como una solución a su conflicto mental.

Distorsiones en los pensamientos

¿Cómo se crean estos pensamientos? Los pensamientos serán flexibles o rígidos en función de la flexibilidad o rigidez del esquema cognitivo. En psicología, cuando alguien tiene pensamientos inflexibles decimos que está cayendo en una distorsión cognitiva, dado que su manera de pensar se sustenta por un fallo en el procesamiento de su lógica. Estos pensamientos generarán frases derivadas del esquema cognitivo determinado, muchas de ellas fácilmente identificables en la sociedad (somos más parecidos de lo que creemos). Cuanto más inflexible es un pensamiento más difícil es que se dé un cambio en la psicología del personaje. Para identificar el tipo de pensamiento los psicólogos tenemos una amplia clasificación de distorsiones cognitivas hecha por Aaron Beck, pero yo voy a mencionar aquellas que más identifico en las historias:

  • Generalización: Sacar conclusiones apresuradas englobando casos aislados. En El conde de Montecristo (Dumas), el protagonista hace una fea reflexión sobre las inquietudes de Bertuccio, sacando sus prejuicios sobre los italianos: «… hablabais entre dientes de venganza, y esto ocurre solamente en Italia, porque estas cosas están de moda en aquel país, pero en Francia el asesinato es de muy mal gusto..».
  • Etiquetado: Definir prejuiciosamente a alguien o algo sin analizar su conducta o naturaleza. En El señor de los anillos, Frodo Bolsón diserta sobre su deseo de ver aniquilado a Gollum, y para ello lo despoja de toda su humanidad: «¡Qué lástima que Bilbo no haya matado a esa vil criatura cuando tuvo la oportunidad!».
  • Lectura de pensamiento: Cuando el personaje cree saber qué piensan o sienten otras personas. Suele ser recurrente en las historias de amor, aunque se da en cualquier género, normalmente de la mano de personajes inseguros o introspectivos. En La Sociedad de la Libélula (Ana González Duque) Taar imagina qué pensaría la princesa si le dijera que está a gusto a su lado: «Probablemente se reiría de mí», piensa, producto de sus miedos.
  • Predicción de futuro: Consiste en profetizar el futuro como certeza segura. En El Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (Cervantes), el protagonista fantasea con la seguridad de que será rey; de esta manera se dirige a Sancho Panza: «Porque, en haciéndote conde […] a buena fe que te han de llamar señoría, mal que les pese».
  • Debeísmo: Creer que las cosas tendrían que ser de un modo determinado en vez de analizar cómo realmente son. Instruyendo a Adso de Mel, Guillermo de Baskerville recapitula en El nombre de la rosa (Umberto Eco) con su método inductivo los acontecimientos de un asesinato. Le dice «Me da casi vergüenza tener que repetirte lo que deberías saber», asumiendo que el novicio tendría que ser más solvente.
  • Pensamiento dicotómico: Interpretar las cosas con absolutismos: «siempre», «nunca», «todos», «ninguno», «nadie», «jamás»… En Crimen y castigo (Dostoyevski), el derrotado Marmeladof asevera un pensamiento negativo: « …un ciudadano íntegro y útil a su país, no le prestará dinero nunca y por nada del mundo…».
Edmundo Dantés hablando con Faria

Cuando la realidad confronta estas maneras de pensar, cuando las circunstancias demuestran que el pensamiento está distorsionado se produce un conflicto interno, y hay un posible cambio en la psicología del personaje.

El dilema moral: discusión socrática

Una vez entendido cómo funciona la mecánica de la mente y su finísima relación con el lenguaje (si somos escritores debemos cuidar la redacción de los pensamientos distorsionados) es más fácil comprender cómo se produce el cambio en la psicología del personaje. Los esquemas cognitivos (es decir, las creencias) no son fáciles de cambiar de la noche a la mañana, a menos que el conflicto moral sea de gran impacto. Pero los pensamientos irracionales sí son fáciles de debatir cuando se ponen a prueba con la realidad; son fáciles de debatir si hay cavilaciones o acciones importantes llevadas a cabo por el personaje.

En psicología cognitiva normalmente se propone una discusión socrática para discutir los pensamientos distorsionados. Primero se atacan a estos y, una vez erradicados, ya podremos destruir el esquema cognitivo, es decir, la creencia que los sustentaban.

Edmundo Dantés: un ejemplo clásico

Vamos a usar el ejemplo del protagonista de El conde de Montecristo. Podemos sacar los siguientes esquemas cognitivos de Edmundo Dantés, citando directamente dos de sus frases:

«¡Buen modo, a fe mía de conseguir la venganza

«Me batiría por una fruslería, un insulto… pero por un dolor lento, profundo, infinito, eterno, devolvería, si es posible, un dolor semejante al que me habrían hecho: ojo por ojo, diente por diente…»

Es decir, Edmundo Dantés cree en el corolario de que la venganza es un plato que ha de servirse frío. Pero en cuanto va resolviendo sus conflictos de forma satisfactoria empieza a sentir otros dilemas internos. En psicología cognitiva, una discusión socrática suele ser más extensa, pero en la literatura la podemos definir en 4 pasos:

1. LA VERACIDAD DEL PENSAMIENTO: ¿Hay pruebas a favor de que el pensamiento sea real?

Para saber si un personaje cambia o no el pensamiento disfuncional primero ha de preguntarse si tiene pruebas a favor de que lo que piensa es congruente con la realidad.

Por ejemplo, Edmundo Dantés discute sobre la venganza en algunas partes de la novela, y algún personaje le llega a advertir de que es amarga. A medida que la va consumando se discute a sí mismo sobre si había estado equivocado o no.

2. LA UTILIDAD DEL PENSAMIENTO: ¿Produce realmente un beneficio?

Una vez discutido si el pensamiento estaba errado habrá de evaluar si ha obtenido realmente algo de ello.

Edmundo Dantés sopesa qué es exactamente lo que ha conseguido, más allá de la satisfacción que buscaba con el dolor ajeno. Ha aprendido cosas durante el proceso, para bien y para mal, y coloca tanto los beneficios como el dolor en una balanza. Si no le ha merecido la pena, esto puede ser algo que derrumbe la lógica que sustentara el pensamiento.

3. EMOCIONES DETECTADAS: ¿Cómo se siente al pensar o al actuar así?

¿Son los pensamientos del protagonista sanos realmente? ¿Cómo se siente al haber llegado hasta el punto álgido?

Edmundo Dantés elucubra si la venganza es tan satisfactoria como pensaba. A medida que va dispensando la desdicha en sus objetos de venganza, empieza a desnudar a los seres humanos y los muestra frágiles y penosos. Esta imagen choca con los monstruos que preconcebía en ellos.

4. EL PENSAMIENTO ALTERNATIVO.

Si el personaje ha sentido tambalearse su pensamiento anterior, ha llegado el momento de sustituirlo por uno alterativo. A continuación lo volverá a discutir usando los tres primeros pasos. De este pensamiento emanarán nuevas emociones y, por consiguiente, nuevas conductas. Si son congruentes y satisfactorias se habrá producido un cambio en la psicología del personaje que abrazará su nueva mecánica de razonar.

También es posible que se quede con el pensamiento original; sencillamente había vacilado ante el dilema moral y los acontecimientos le han devuelto la perspectiva. Esto ocurre cuando un personaje no cambia, y es una forma muy válida de concluir un relato.

Si tienes interés en saber si Edmundo terminó por cambiar o no significa que no has leído la novela, y no voy a ser yo quien te la destripe. Te recomiendo leer El conde de Montecristo, en ese libro está todo: amor, venganza, ira, recelo, drama… En serio, es una novela completísima. Y por supuesto, afina muy bien en la naturaleza humana hasta el punto de que lees pura psicología.

Para concluir, tengo que decir que no sé exactamente si la fórmula de la discusión socrática puede encajar en un análisis de la psicología del personaje en la literatura. Pero, como psicólogo, hay algo que no puedo dejar de hacer en las historias que son buenas: identificar distorsiones y esquemas cognitivos. Por tanto, si este modelo es reconocible en la literatura es que merece la pena tenerlo en cuenta a la hora de crear un personaje.