El sentimiento social como endemia

El sentimiento social como endemia

Siempre me resultó frustrante que, quienes no tienen ni puñetera idea de psicología, confundieran conceptos como «empatía» y «asertividad»; «inhibición» e «introversión; o «sentimiento» y «emoción».

Precisamente, una de las cosas que te enseñan en la carrera de psicología (o enseñaban, porque después del Pan Bolonia de los cojones no sé qué carajo están enseñando, la verdad), es a definir los conceptos. Yo diría que es preceptivo en cualquier ciencia, pues con unos conceptos debidamente definidos y clasificados, podemos analizar la realidad material con la debida objetividad que merece.

En cuando al tema de la emoción y el sentimiento, me pone de muy mala leche que se confundan ambos términos, y más cuando este último—el sentimiento— se esgrime por grupos sociales como arma en aras de cohesionar sus cabildeos bajo el pendón de lo políticamente correcto.

La emoción sí mola

La emoción sí es interesante a nivel social, el sentimiento no.

La explicación es sencilla: la emoción tiene un valor humano extrapolable a todo individuo de nuestra especie. La alegría, la tristeza, el miedo, el asco, la ira, la sorpresa… son susceptibles de experimentarse en cualquiera de nosotros. Además, funciona de forma sistemática y universal, con una curva definida que sube, alcanza un pico, y luego cae. Esto es precioso, porque nos ayuda a predecir sus efectos no sólo psicológicos, sino fisiológicos, estableciendo parámetros mediante los llamados instrumentos psicométricos de alta validez y fiabilidad. En otras palabas, la emoción puede medirse. Es objetiva.

Por tanto, su riqueza como función psicofisiológica es valorable a nivel no sólo individual, sino grupal. Sin embargo, ¿ocurre lo mismo con el sentimiento?

El sentimiento no es importante

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Ya me están mirando mal…

El sentimiento es el bastardeo de una emoción; la adulteración en base a la experiencia subjetiva del sujeto. Si quieren una definición más burda, aunque más llana, podemos definir el sentimiento como emoción aderezada de pensamiento o, si lo prefieren, teñida con el filtro de la experiencia.

Y, ¿sabes qué ocurre? Que si la experiencia de… Paco, por poner un nombre, es pobre, de baja calidad o no tiene relevancia alguna, ¿podemos tenerla en estima? ¿O el sentimiento de Paco debería importarnos un carajo?

Exacto, si Paco me pregunta qué comí ayer, y contesto que fue un plátano, y al hacerlo daño los sentimientos del indignado Paco porque su padre se resbaló un día con una cáscara del fruto, es lógico que Paco debería entonces ir al médico de la puta cabeza a que se la miren, porque es un tullido mental.

Para aquellos que estén afilando el cuchillo contra mi argumento, antes de que me llamen intransigente, sólo les alentaré a que piensen en el ser humano más despreciado en su fuero interno (un político, un actor, una clase social…), y una vez piensen en dicha escoria —según su punto de vista, claro—, que intenten respetar sus opiniones o sentimientos. Verán que, en realidad, la mayoría no respeta una mierda.

Cosa distinta es ser deferente con los sentimientos de un individuo, por supuesto, mientras estos no solidifiquen en un hombre de paja que me imponga sus afecciones revistiéndolas de lógica. Aquí viene otra confusión: no tengo por qué ser empático, aunque sí es recomendable ser asertivo: decir las cosas con educación respetando los derechos asertivos del otro, pero también los propios. Asertividad y empatía son dos cosas distintas.

sentimiento social
Típico meme adoctrinador que confunde la empatía con la asertividad. Una cosa es ser deferente y otra ser empático, cosa última optativa.

El peor daño del siglo XX: el sentimiento social

Pero lo más desalentador de todo esto es ver cabildeos y lobbies que aúnan sentimientos afines bajo una misma causa. Aquí aparece la endemia social. Son como los hooligans que ondean las banderas de su equipo, que encuentran afinidad en hermanos de su religión, convocando masas de imbéciles que creen pensar con libertad, y que han caído en el más deleznable alineamiento social de nuestra época.

posmo censurando

Aunque siempre se ha controlado a las masas según sus ideologías, nunca antes como ahora el sentimiento social ha estado tan mercantilizado. La estilización liberal del pensamiento «individual» delimita cotos de poder en endogrupos bajo partidos políticos, grupos sociales y asociaciones. Están por todos lados, y quienes no se adhieren a una de esas religiones son parias.

Ante la carencia de argumentos sólidos, basados en el materialismo, estos grupos construyen contrargumentos en forma de mantras. Así, terminan por imponer sus pensamientos sentimientos a través de herramientas como la corrección política. Si te sales del tiesto al mear, ya no eres de los míos y por tanto serás llevado al ostracismo social. No obstante, si no ofendes mis sentimientos posmodernos, y te acoplas a todas y cada una de las prerrogativas que la doctrina nos impone, serás bienvenido, bienvenida (o bienvenide, o lo que te dé gana), y tomarás parte en nuestra virtuosa congregación de fieles al pensamiento «único».

Porque es un pensamiento único, claro, al que todos y cada uno de nosotros hemos llegado de forma individual, sin ningún tipo de presión social.

Lo que sacamos en claro de todo esto es que pensar duele, mientras que sentir es automático.

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